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El diario del negocio digital y las tecnologías del futuro

20 May 201917:04

h Avatares

Aleix Valls (Liquid): “En los próximos años será más importante ser usuario que ciudadano”

06 Sep 2018 — 04:57
A. Pijuán
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El cofundador de la consultora Liquid lamenta la falta de relato de Europa y cuestiona su papel ante el avance de las plataformas tecnológicas.

Aleix Valls (Liquid): “En los próximos años será más importante ser usuario que ciudadano”

 

Aleix Valls es cofundador de Liquid, una consultora que tiene como objetivo ayudar a las empresas a definir y “navegar” su proceso de transformación digital. Ex director general de la Fundación Mobile World Capital (MWC) y actual asesor de Colonial, Roca Junyent, Zurich y Barcelona Technology School, desgrana algunas de las claves de los puntos de fricción que ha generado la transformación digital. El papel de Europa y su responsabilidad en la extracción del valor de los datos de los ciudadanos europeos, el futuro de Internet y la importancia de las nuevas tecnologías en los procesos industriales, y la redistribución de la riqueza y el empleo son otros de los puntos clave en una transformación que impacta de forma nacional y global.

 

Pregunta: El negocio digital deja atrás un curso lleno de fricciones: el conflicto con el taxi, la multa de la Unión Europea a Google, Airbnb y la regulación de las ciudades... ¿Qué es lo que más le ha sorprendido?

Respuesta: Se ha producido un punto de inflexión muy interesante cuando Apple ha alcanzado una capitalización bursátil de un billón de dólares, especialmente porque ha sido Apple la primera en llegar.

 

P.: ¿Por qué?

R.: Porque creía que iba a ser Amazon. Considero que la empresa está más cerca de transformarse en una plataforma que desarrolle un sistema operativo nuevo. Pensaba que Apple empezaría a acusar el desgaste de un modelo de negocio basado en un único producto, el iPhone. El 85% de las ventas del grupo corresponden al terminal. Por otro lado, su modelo de producto son las apps, donde cada vez es más difícil la creación de valor como plataforma económica. Pero no, Apple ha continuado presentando resultados y ha conseguido ser la primera empresa tecnológica que alcanza el billón de dólares, hecho que era impensable. Para mí, esto marca la línea de lo que estamos hablando. Nos encontramos ante estos puntos de fricción porque estamos empezando a ver que la transformación digital de muchos modelos de negocio está llegando a un nivel de madurez en el que se que empieza a generar disrupción a nivel de escala.

 

P.: ¿Como en el negocio del taxi?

R.: En este caso se han acoplado muchos debates, pero si hay uno que se ha malinterpretado ha sido el tecnológico.

 

 

 

 

P.: ¿Cómo cuáles?

R.: En primer lugar, el taxi tiene un problema, o una oportunidad, que no ha sabido asumir. Es cierto, un taxista ha tenido que pagar millonadas para tener una licencia para poder trabajar. ¿Es lógico? No. ¿Tiene algo que ver con el debate tecnológico? Nada. Las licencias del taxi valen alrededor 200.000 euros desde hace mucho tiempo, antes de que existieran Uber o Cabify. Lo que sí ha ocurrido, del mismo modo que está pasando con Airbnb, es que ha llegado un modelo de negocio capacitado por la plataforma tecnológica que cuestiona sistemas que, de alguna forma, ya estaban enfermos. El problema del taxi es estructural. No puede ser que un servicio público haya llegado a esta situación.

 

P.: ¿Cómo prosigue el debate?

R.: Las licencias VTC y qué son. Sin las soluciones digitales, los taxis y las VTC quedaban bastante diferenciados, aunque había muchos taxistas que acababan haciendo servicios muy similares a los de una VTC. Pero la plataforma digital actúa como catalizador, permitiendo que el servicio de la VTC se acerque mucho más al del taxi. Y de repente aparece un servicio complementario, incluso competidor, de un mercado que estaba totalmente cautivo. Y por último, el debate tecnológico: ¿qué inversión ha realizado el taxi para asumir su transformación digital? ¿Qué responsabilidad tiene el taxi respecto a su transformación?

 

P.: Otro punto de fricción ha sido el modelo laboral de empresas como Glovo o Deliveroo. 

R.: Sí, también está el debate de las plataformas y la creación de empleo. Recientemente, los banqueros centrales se han reunido en Jackson Hole. Una de las cosas de las que se han dado cuenta es que no hay inflación en Estados Unidos. Las tasas de ocupación rozan el 100%, lo que normalmente provocaría una inflación en los salarios porque hay más demanda que oferta en el mundo laboral. Esta inflación de salarios va acompañada de un mayor gasto, y con ello suben los precios. Pero no está ocurriendo. Los banqueros se han dado cuenta de que parece haber grandes empleadores que dan trabajo a tanta gente que ellos mismos son capaces de evitar la inflación.

 

 

 

 

P.: Uno de los nombres que salió en esta reunión fue Amazon…

R.: Sí, pero siempre se señala a los mismos. También se incluye a Walmart, y a grandes empresas que se están consolidando y realizando muchas adquisiciones. Lo que estamos viendo es la fatiga de estos modelos. Personalmente creo que lo que está ocurriendo en el ámbito político, con la corriente de la extrema derecha o la polarización de izquierdas más radicales, que apuestan por modelos sociales mucho más participativos por parte del Estado, es que se está empezando a percibir la verdadera transformación digital. Se está viendo que la economía no necesita gente real para ser competitiva. Se observan ciertos efectos de la economía autónoma: ella misma empieza a operar con cada vez menos necesidad de asistencia humana. Y por tanto, la distribución de las riquezas generadas por la renta del trabajo no se está produciendo.

 

P.: Y ante esta situación, ¿qué postura se debería tomar?

R.: En Estados Unidos, la postura que se ha tomado es apostar por Donald Trump, que parece que además tiene posibilidades de ser reelegido como presidente. El efecto es cada vez más agresivo. El relato es: ¿qué está ocurriendo con la persona? ¿Dónde está el trabajo de calidad? Se inyectan millones para generar un reposicionamiento y no se están viendo resultados. Se generan puestos de trabajo, pero no un poder adquisitivo extraordinario. Se genera valor, pero alguien se lo está quedando. Un billón de dólares…

 

P.: ¿Es sostenible este modelo?

R.: Las economías más avanzadas en transformación digital en relación con su Producto Interior Bruto (PIB), como la americana, nos han enseñado a dónde nos lleva esto: a un mayor conflicto social. Estados Unidos se divide entre la costa este y la oeste, que viven de cierta forma porque han capitalizado la economía digital y concentran la riqueza: Silicon Valley se ha quedado la parte más tech, y Nueva York y Boston, biotech y media. La zona interior no ha vivido este proceso, sino que se ha degradado. Y además no se ha producido un proceso de reindustralización, porque cada vez es menos necesario. Por otro lado, tanto Estados Unidos como China tienen grandes plataformas que se aseguran que el valor generado por los datos quede en casa. En China han construido un muro digital para evitar esta extracción, y en Estados Unidos cuentan con la NSA. Europa no tiene ninguna plataforma propietaria que sea extractiva de los datos de sus ciudadanos, lo más cercano sería Spotify. Los datos de los ciudadanos europeos no están generando ninguna riqueza para ello mismos. Ninguna.

 

 

 

 

P.: Teniendo a Estados Unidos y China como modelos, ¿por qué Europa no ha movido ficha?

R.: Porque Europa no ha sido proteccionista. El modelo de Internet único se dio por hecho. Y de pronto, deprisa y corriendo, lanza el nuevo Reglamento de Protección de Datos (Gdpr), que es el mayor ataque a la pequeña y mediana empresa (pyme). Y luego multa a Google. ¿Cuál es la sensación? Que están desbordados. No hay relato europeo.

 

P.: ¿Cuál tendría que ser el papel de Europa?

R.: En primer lugar tendría que construir su relato. Por ejemplo, no hay relato ante la inteligencia artificial (IA). Emmanuel Macron convoca en París a los grandes directivos del sector tecnológico y dice que Francia, que no Europa, hará una apuesta estratégica de país en IA. Este es el relato europeo, cada uno a lo suyo. Lo más preocupante es que ya hemos perdido la batalla de los datos de nuestros ciudadanos. ¿Y qué ocurrirá con el Internet que viene? Por qué ahora viene un Internet pensado para la transformación de las empresas, no para el ciudadano. ¿Está Europa preparada para que no le vuelva a pasar lo que le ha pasado con los datos de los ciudadanos? La extracción de los datos de los procesos industriales, donde Europa aún tiene un relato, ¿la harán también China y Estados Unidos? ¿O lo hará Europa?

 

P.: ¿Cómo prevé que evolucione Europa en este sentido?

R.: De momento tiene mala pinta. Cuando piensa en compañías que está intentando desarrollar IA aplicada a procesos industriales o plataformas de Internet of Things, ¿qué nombres le vienen a la cabeza?

 

 

 

 

P.: En Europa ninguno.

R.: Lo último que le queda a Europa es ser una potencia industrial. Pero tal y como hemos hecho con los datos relativos a qué comen los ciudadanos o cuándo van a comprar, ¿ahora les diremos cómo se hacen los coches, cómo se hacen los mejores fármacos o los mejores edificios?

 

P.: La fragmentación de Europa no ayudará a ello…

R.: No. Vamos en una dirección en la que será más importante ser usuario que ciudadano. Y los millennials son cada vez un ejemplo más claro de ello, del producto social que se está construyendo. Nada les encaja. ¿Y por qué? Porque nada encaja, todo está en pleno proceso de transformación: el modelo relacional con la empresa, el modelo relacional con la propiedad…

 

P.: Hablando de otro punto de fricción: la ‘tasa Google’ en España. Sin el problema de las pensiones, ¿se habría tramitado tan rápido?

R.: Los tipos impositivos giran en torno a la cuenta de resultados de la empresa, pero el relato que han construido las plataformas tecnológicas, como Google, Amazon o Uber, está ligado al crecimiento de la compañía, no al retorno del accionista a través de los dividendos. No soy economista pero, entre ingenierías fiscales legales pero eticamente cuestionables, y que se llevan los datos a Estados Unidos y poco valor queda aquí, podría tiene sentido plantear esquemas fiscales más centrados en el crecimiento que no en el beneficio. Pero el problema es que con ello entramos en el 'café para todos', y la tasa Google se puede acabar aplicando a la start up del barrio que casi no tiene ingresos. La cuestión son los criterios a aplicar en una caso u otro. 

 

P.: Relacionado con la filtración en Facebook, ¿se producirá algún cambio en quién tiene el control de los datos?

R.: Es necesario. Si la pregunta es si ocurrirá durante este curso que empieza, la respuesta es no. Pero empezaremos a desarrollar modelos más racionales y éticos sobre el uso de los datos. Aunque no creo que sea para las personas, sino para los procesos industriales. Y como será necesario regular el proceso industrial, luego haremos la reflexión sobre las personas.

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