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El diario del negocio digital y las tecnologías del futuro

20 Oct 201918:14

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Carlos Beldarrain (Minsait): “Las empresas se han centrado demasiado en preparar su digitalización, más que en materializarla”

13 Dic 2018 — 04:51
Daniel López
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El director de desarrollo de servicios de Minsait, empresa perteneciente a Indra, considera que España no ha sabido sacar partido de todas las ventajas de la digitalización, por lo que esta no ha actuado como propulsora de la economía.

Carlos Beldarrain (Minsait): “Las empresas se han centrado demasiado en preparar su digitalización, más que en materializarla”

 

Minsait es la unidad de negocio de Indra para la transformación digital desde 2016, un proyecto destinado a resolver los retos que las empresas afrontan en el nuevo escenario digitalizado. Carlos Beldarrain es el director de desarrollo de servicios de esta compañía desde 2016 y su percepción es que España no ha sabido sacar partido de todas las ventajas de la digitalización, por lo que esta no ha actuado como propulsora de la economía. Para el que fuera consejero delegado de Yaap Digital Services entre 2013 y 2015, esto se debe a que las inversiones en digitalización se han destinado a los sectores menos productivos de la economía. Sin embargo, en los últimos cuatro años esta tendencia se ha revertido.

 

 

Pregunta: La transformación digital está en boga en las empresas de cualquier sector. ¿En qué punto se encuentra en España?

Respuesta: En términos globales, las empresas españolas han trabajado para lograr un nivel medio de digitalización; sin embargo, continúan esforzándose por llegar a un nivel elevado. La transformación digital se contempla en torno a cuatro dimensiones de negocio: innovación, relación con el cliente, operaciones y ciberseguridad. El grado de avance en cada dimensión define el grado de digitalización del tejido empresarial en España. Los sectores más digitalizados en términos generales son banca, telecomunicaciones y medios y retail, especialmente impulsados por condicionantes externos, como las reformas en el marco regulatorio, la entrada de nuevos players puramente digitales, etc.

 

P: ¿La mayoría de las empresas están en pleno proceso de transformación entonces?

R.: La innovación es la asignatura pendiente de casi todas ellas: la inversión requerida frena a las empresas, dejando un terreno fértil para los nuevos actores; por lo tanto, en este ámbito, podríamos decir que el tejido empresarial español tiene margen de digitalización. En cuanto a la relación con el cliente, gran parte de los esfuerzos de digitalización se han destinado a este ámbito, evolucionando de una estrategia centrada en el producto a una centrada en el cliente, con el gran reto común de alcanzar la visión 360 de este, y con una sofisticación creciente de los canales digitales. En cuanto a la digitalización de operaciones, si bien en este ámbito la inversión muestra retornos claros, hay margen de mejora y apenas se ha impulsado la optimización inteligente de operaciones. Asimismo, las empresas españolas han destinado muchos recursos a su ciberseguridad, dotándose de perfiles específicos y enfatizando la concienciación y formación en ciberseguridad de su personal.

 

P.: Una cosa es querer y otra es poder. ¿El tejido empresarial español está capacitado para acometer una estrategia de digitalización?

R.: Las empresas españolas tienen puntos fuertes y puntos mejorables en cuanto a su capacidad de digitalización, y encontrarán facilidades u obstáculos en este camino en la misma medida en que sean capaces de prepararse o de asociarse con otros players para complementar sus capacidades. Las compañías españolas conciben la transformación como una necesidad, por lo que se han esforzado enormemente en prepararse para ella. La aptitud para la digitalización es muy diferente por sectores: aquellos con mayor oportunidad de liderar la transformación digital (por ejemplo, turismo) ceden el liderazgo de la digitalización a sectores con menos oportunidad pero más necesidad de integrar la tecnología en su propuesta de valor, como banca y retail.

 

 

 

 

P.: ¿Qué elementos restan para que las empresas puedan hacer efectiva la transformación digital?

R.: Primero, prepararse con habilitadores necesarios, incluyendo atajar la cuestión del cambio cultural y la adaptación de sus sistemas core. Segundo, evitar hacer la guerra en solitario: las organizaciones privadas y públicas, establecidas y tradicionales o start ups nativas digitales, necesitan asociarse para combinar capacidades e impulsar con éxito la transformación digital. Tercero, transformando desde el core: un modelo de negocio no evolucionará hacia un modelo de negocio digital si nos limitamos a añadir adornos digitales, sino que debe transformarse el core por uno ágil, flexible, completamente digital sin barreras físicas; el capital humano sólo se digitalizará si vamos más allá de los espacios abiertos y metodologías agile, transformando la cultura desde dentro y dotar de formación digital a los profesionales. Cuarto, es necesario romper con los legacies y las grandes inversiones realizadas, en lugar de anclarse a ellas; la mejor manera de acometer este cambio puede ser, o bien reconvertir los activos actuales (infraestructuras físicas, sistemas IT, etc.), o bien, en el caso de las empresas, asociarse con otros players que favorezcan la apertura al exterior y el aprovechamiento de capacidades de forma conjunta.

 

P.: ¿Qué le aconsejaría a una compañía que ve que está perdiendo competitividad a causa de la estrategia de digitalización de sus rivales?

R.: En primer lugar, encontrar el epicentro de la pérdida de competitividad. Si bien a simple vista parece que la causa es la estrategia de digitalización de sus rivales, la cuestión de fondo puede ir más allá: ¿mi cliente está cambiando de comportamiento en el contexto digital? ¿Mis competidores se están dotando de herramientas más poderosas para competir gracias a las nuevas tecnologías, y encontrando otras fuentes de ingresos? ¿O tal vez mi mercado está desapareciendo fruto de la evolución tecnológica, de manera que mi propuesta de valor queda obsoleta? Cada supuesto requiere un enfoque diferente. En segundo lugar, la empresa necesita contar con un ADN que la predisponga para la transformación digital, y, si todavía no cuenta con él, debe construirlo. ¿Cómo puedo innovar en producto o canales si mi plantilla tiene una mentalidad predominantemente analógica, o su cultura de innovación es escasa? ¿Cómo puedo optimizar mis operaciones si mis sistemas son extremadamente complejos y poco flexibles?

 

P.: ¿Alguna clave?

R.: El timing. Es importante evitar que el énfasis por la preparación paralice a la empresa. Las empresas españolas se han centrado excesivamente en prepararse para la transformación, más que en materializarla.

 

 

 

 

P.: ¿Qué sectores están más avanzados en materia digital y cuáles más rezagados?

R.: Destaca la banca por ser el sector con más necesidad de transformación a la par que capacidad de inversión en la misma, de modo que está a la cabeza, seguido de cerca por el sector de las telecomunicaciones, también con alta capacidad de inversión para reinventarse. Sin embargo, quedan rezagados los sectores seguros, farmacéutico y químico e industria y consumo por la baja urgencia percibida por algunas compañías y sus características organizativas. El sector de los seguros, por ejemplo, percibe la transformación digital con escasa urgencia, por lo que es el sector donde ésta es más incipiente.

 

P.: ¿La transformación digital es una carrera con meta final?

R.: La transformación digital es una carrera continua: ¿cómo eran los bancos hace cincuenta años? ¿Y hace veinte? ¿Y hoy? ¿Un banco vendía alimentos frescos? ¿Y cómo eran las operadoras de telefonía? ¿Una operadora ofrecía servicios bancarios y sistemas de seguridad? Es fácil esperar una transformación continua fruto de un progreso que nunca se agota y que continúa alterando las dinámicas de mercado que creemos definitivas.

 

P.: ¿Qué grado de importancia puede tener la transformación digital para la economía española?

R.: La transformación digital tiene un impacto poderoso en la economía española, tanto para bien como para mal. En las últimas dos décadas, España no ha sabido sacar partido de todas las ventajas de la digitalización, por lo que esta no sólo no ha actuado como propulsora de la economía, sino que la pérdida de eficiencia ha supuesto un lastre para el crecimiento. Con un progreso tecnológico similar al europeo, el valor acumulado de los efectos de la digitalización en España entre 1996 y 2017 pasaría a ser 310.364 millones de euros (30,7% del PIB) frente a los 57.814 millones o 5,7% realmente alcanzados. Esto se debe a que las inversiones en digitalización se han destinado a los sectores menos productivos de la economía. Sin embargo, en los últimos cuatro años esta tendencia se ha revertido, de modo que la digitalización, en este periodo, ha aportado a la economía española entre un 20% y un 30% del crecimiento.

 

P.: ¿Qué aplicaciones o tecnologías están teniendo un impacto más inmediato en las empresas a causa de la digitalización?

R.: Sin duda, aquellas que tengan que ver con explotación del dato, sobre todo con orientación al fronting con cliente. Este uso se articula, por ejemplo, en las plataformas digitales. Si bien las empresas españolas no están sacando todo el partido a los nuevos modelos de negocio que habilitan estas plataformas, su impacto en la articulación de negocios basados en el dato es inconmensurable: procuran soluciones de interoperabilidad ágiles y eficientes, permiten monetizar las capacidades del negocio, atraer ingresos a través de plataformas de terceros e incluso incrementar la rentabilidad ofreciendo a los clientes funcionalidades de terceros a través de una API. Por otro lado, las infraestructuras as a service (IaaS), están teniendo una gran acogida entre las empresas por la escalabilidad y la agilidad que confieren a sus sistemas de almacenaje de datos y su tratamiento, en estos momentos uno de los habilitadores que más se necesita reforzar.

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