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El diario del negocio digital y las tecnologías del futuro

22 Mar 201911:37

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2017, el año en que Amazon se ‘comió’ el mercado de la alimentación

20 Dic 2017 — 04:54
Daniel López
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La compañía estadounidense ha adquirido este año la cadena de supermercados ecológicos Whole Foods por 13.700 millones de dólares. La empresa también ha reforzado su negocio digital, apoyándose en su inteligencia artificial Alexa.

2017, el año en que Amazon se ‘comió’ el mercado de la alimentación

 

Si un gigante del ecommerce puede decidir poner patas arriba un sector, ese es Amazon. La empresa de Jeff Bezos ha cogido este año el carrito de la compra y se ha asegurado que los estantes de la cadena de supermercados Whole Foods acaben en su cesta. La compañía estadounidense decidió dar un golpe encima de la mesa y convulsionar un nuevo mercado, el de los alimentos, en una demostración del poder que ha ido adquiriendo a lo largo de los últimos años. Pese a que su actividad empresarial se ramificó más que nunca, con relevancia en el ámbito de la tecnología, 2017 destacó por ser el año en que Amazon se comió el mercado de la alimentación.

 

Lo hizo con la voluntad de cambiar las reglas del juego, una decisión que la empresa tenía tomada antes de cerrar la operación corporativa, tasada en 13.700 millones de dólares (11.630 millones de euros). Whole Foods, con 473 tiendas, 91.000 empleados y un 1,7% de cuota de mercado en Estados Unidos, pasó a ser una filial del coloso del comercio electrónico, que no tardó en batir su marca en el parqué y superar los 500.000 millones de dólares (430.000 millones de euros) en bolsa.

 

La de Whole Foods fue la mayor adquisición de Amazon hasta la fecha, y una muy necesaria para potenciar el negocio de la entrega de alimentos, en el que la compañía lleva tratando de entrar de lleno desde hace más de una década. En agosto de 2007, la empresa lanzó Amazon Fresh, un servicio de entrega de comestibles que apenas pisó Europa, picando a la puerta de unas pocas ciudades de Alemania y Londres. Se trata de un proyecto que despegó a medio gas y que no alcanzó la velocidad de crucero a la que está acostumbrada la compañía en otras divisiones.

 

 

 

 

No era fácil, de todas formas. Pese a la gran infraestructura que Amazon tiene desplegada para el reparto de mercancías, la experiencia en la inmediatez que requiere la industria alimenticia se tornaba un hándicap considerable. Por tanto, fueron precisamente esa infraestructura y esa inversión previa en centros de distribución de alimentos frescos los estimulantes para que la empresa se viese capacitada para reducir costes y bajar los precios de los comestibles.

 

De acuerdo con una encuesta de Consumer Reports, en 2016 el 45% de los compradores aseguraron que su principal razón para elegir una tienda eran los precios bajos, seguida por la variedad de productos (30%) y la calidad de los mismos (23%). En ese aspecto, la mayor queja sobre Whole Foods era el precio de sus productos.

 

No es casualidad, por tanto, que la nueva política de precios de Amazon en la cadena de supermercados haya conseguido atraer a nuevos consumidores. El retailer tiró los precios de los alimentos hasta en un 43%, realizando descuentos en casi una veintena de productos tras sellar la adquisición. Los dos días posteriores al cierre de la operación, Whole Foods recibió un 25% más de clientes, según los datos de la firma de servicios Foursquare Labs, que recopiló el número de usuarios que entraron con sus smartphones en los establecimientos de la compañía.

 

 

 

 

¿Hasta dónde quiere llegar Amazon con esta estrategia? La compañía, en un intento por estar presente en la alpha y la omega del comercio, está diseñando y construyendo el centro físico del futuro. Amazon quiere erradicar las esperas y las colas; en definitiva, lo más molesto en un proceso de compra. Su objetivo pasa por facilitar al cliente el pedido desde la plataforma y pasar a buscarlo a su establecimiento más cercano, sin cajeros.

 

Se trata de un modelo que la empresa ya ha aplicado a través de sus lockers, o taquillas automáticas, donde los clientes pueden adquirir sus paquetes en cualquier momento del día. En España existen 120 puntos de recogida de este tipo instalados en treinta ciudades. Es un servicio muy similar al que la compañía lanzó este año a través de Amazon Go, su concepto de tienda física, de momento sólo disponible en Seattle, en la que el consumidor únicamente tiene que escanear un código para ser identificado y, a partir de ahí, elegir qué productos quiere y añadirlos a su carrito.

 

En este caso, la ambición de Amazon pasa por aunar todas las posibilidades en su ecosistema: que Amazon Echo, su altavoz inteligente, realice la compra de la mano de la inteligencia artificial Alexa, y que el consumidor sólo tenga que pasar a recoger su encargo, sin mayores preocupaciones.

 

 

Más tecnología y más mercado digital

Amazon se encargó en 2017 de que las últimas tecnologías vertebraran su estrategia comercial. Inteligencia artificial, Internet de las Cosas, plataformas para desarrolladores, software de gestión para empresas, servicios financieros, soportes publicitarios, estudios de producción cinematográfica e incluso granjas eólicas; la empresa estadounidense ha dado pasos muy destacados en casi todos los ámbitos de la tecnología, con un acelerón de su servicio de alojamiento en el cloud: Amazon Web Services (AWS).

 

 

 

 

La compañía elevó sus ventas un 27,8% en los nueve primeros meses del ejercicio 2017, hasta alcanzar 117.413 millones de dólares (99.913,9 millones de euros). Sobre el total, la división de servicios AWS fue una de las que experimentó un mayor impulso en los últimos tres trimestres, creciendo un 42% y generando unos ingresos de 12.346 millones de dólares (10.506 millones de euros).

 

Esta es una clara demostración de que Amazon, pese a que históricamente ha cimentado su negocio en el retail, se apoya en muchas otras patas. Entre ellas destaca el citado Amazon Echo, que se apoya en el software de Alexa para ejercer como asistente de voz personalizable, así como su negocio digital, en el que ha lanzado sus propias plataformas de música y contenidos en streaming bajo demanda Amazon Prime Video; también ha plantado cara a PayPal con la plataforma de pagos Amazon Pay.

 

Además, la ingente cantidad de datos que recopila Amazon con cada transacción le han servido para validar su papel en el negocio publicitario, un sector que actualmente está dominado por Google y Facebook. Si bien la compañía no desglosa los ingresos de esta área, previsiones como las de eMarketer señalan que este negocio podría alcanzar los mil millones de ingresos este año.

 

 

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