Movilización de usuarios en 2026 lleva a un boicot contra ChatGPT por polémicas éticas y políticas
En 2026, una masiva movilización cuestiona la ética, las decisiones políticas y la calidad de ChatGPT, impulsando la búsqueda de alternativas competitivas.
En febrero de 2026, la comunidad tecnológica presenció un fenómeno inusual en el mundo de la inteligencia artificial: un movimiento masivo de usuarios que, en lugar de quejarse, organizaron un boicot contra ChatGPT. Bajo el hashtag #QuitGPT, más de 700.000 personas firmaron para cancelar sus suscripciones de 20 $ mensuales a ChatGPT Plus en respuesta a diversas controversias éticas y políticas relacionadas con la empresa.
El origen de esta movilización fue una donación de 25 millones de dólares realizada por Greg Brockman, presidente de OpenAI, a un super PAC pro-Trump. Esta acción generó rechazo entre un segmento importante de la base de usuarios, mayoritariamente creativos y jóvenes profesionales tecnológicos, que consideran que su pago contribuye indirectamente a apoyos políticos controvertidos. La polémica se intensificó cuando actores como Mark Ruffalo difundieron mensajes criticando esta relación, interpretando la suscripción como un respaldo financiero a intereses políticos polémicos.
La controversia no se limitó al ámbito político. La revelación de que la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) utiliza herramientas potenciadas con GPT-4 en sus procesos de contratación y selección de personal activó debates éticos más amplios. Las críticas señalan que el uso de estas tecnologías en operaciones gubernamentales genera inquietudes sobre la ética y los derechos civiles, y han contribuido a que el rechazo hacia ChatGPT trascienda lo político para convertirse en una cuestión de responsabilidades y prioridades en el uso de la inteligencia artificial.
Por otro lado, una gran parte de los usuarios, especialmente desarrolladores y profesionales que dependen de la herramienta para tareas técnicas, expresan su decepción por la calidad del producto en su versión más reciente. Reclaman que GPT-5.2 ofrece respuestas excesivamente cautelosas, moralizadoras y largas, además de cometer errores, lo que afecta la eficiencia y la experiencia de uso. La CEO de OpenAI, Sam Altman, admitió públicamente que la compañía no logró mantener la calidad del contenido generado recientemente.
Ante este contexto, los organizadores del movimiento #QuitGPT promueven el uso de alternativas como Claude de Anthropic, Gemini de Google y Perplexity. Cada una ha mejorado sus capacidades para ofrecer funciones específicas; Claude destaca por su cumplimiento de instrucciones sin moralizaciones y su compromiso de no entrenar con datos de usuarios, mientras que Gemini sobresale por su integración con el ecosistema de Google y su capacidad para generar imágenes y música en chat. Perplexity, por su parte, se distingue por su rendimiento en razonamiento y bajos costes en APIs.
¿Deberías cambiar de plataforma? La decisión depende de las razones que te llevan a usar ChatGPT. Si tus preocupaciones son éticas o políticas, las alternativas han evolucionado lo suficiente para ofrecer capacidades comparables sin comprometer funcionalidades clave. Si tu insatisfacción proviene de la calidad del producto —respuestas largas, moralizantes o errores frecuentes— esta coyuntura refleja que el mercado de la inteligencia artificial es ahora altamente competitivo y ofrece opciones valiosas. La era de ChatGPT como opción por defecto parece estar llegando a su fin, y los usuarios ya cuentan con alternativas sólidas y en desarrollo que no deberían ignorar.